18 jul 2010

A.D.M.V

Un domingo como cualquier otro me junté con una de mis amigas de las que le gusta filosofar acerca de la soltería a ver una película de amor, una típica y tonta película romántica de los ´90, en donde además de viajar a Disney (graciá a Carlos), vivíamos un momento en donde los diálogos del cine rosa marcaron un antes y un después en nuestras vidas, en la mía por lo menos.

El dvd en cuestión fue "Antes del amanecer", sin mucha fe y subestimando al Hollywood cliché nos acomodamos en el sillón con coca y pucho en mano a reírnos un poco de la mentira amorosa.
Empezamos burlándonos de los kilos de más de la protagonista y de los dientes chuecos y el pelo grasoso de Ethan Hawk y terminamos pegadas a la tele con birome en mano anotando a todos los que pudieron haber sido algo parecido al amor de nuestras vidas o a.d.m.v.
Nos fuimos de tema, mi amiga tenía como 6, yo 0.

La semana siguiente fui a una fiesta, con un radical cambio de actitud, brillaba por lo buena onda y simpática, no hubo gordito ni zeziozo al que no le concedí una pieza de baile. En un momento de la noche mi teléfono picó. No, obvio que no era el amor de mi vida.
Era mi amiga del domingo, pidiéndome que le avisara si estaba el A.D.M.V.
No pensé cazar el código, ella quería decir "El Amor De Mi Vida".
El amor de su vida no estaba, ni tampoco estaba el mio.
Ahora, me pregunto, ¿me tengo que ir hasta Viena a tomarme un tren para encontrarlo?
¿En algún lugar respira mi a.d.m.v?

Estas dos semanas me estuve rompiendo el resto de cabeza que me queda intentando visualizar quien estuvo cerca de ser el amor de mi vida. Sin sal llegué solamente a uno, que obviamente no piensa estar disponible en este momento, así que volvemos a cero.
No bajo los brazos, lo sigo buscando, ahora estoy psyco-pendiente de cada detalle de cualquier pibe que se asemeje a mi supuesta media naranja. Lo más triste de todo el cuento es que el viernes último fui a otra fiesta (si, estoy a mil), y me encontré con el grupo de muchachos del fin de semana pasado (si, en el que había sido reee buena onda) y ninguno, literal, ninguno se acordaba de mi cara! Pauperrimo.
Pero sigo remando en este dulce de leche de las mitades, a ver si en algún lugar del pote se enconde la mía.