De todos los hombres que se exhiben hoy en el mercado, se estima que sólo un 30% está libre de traumas sentimentales. El resto, la gran mayoría de hombres con los que nos topamos a diario, pueden parecer gente normal, feliz y hasta simple. Pero escarbando solo un poco, se encuentra la enorme herida que acechó la psiquis sana que solían tener.
Todos los hombres traumados, encuentran la causa (aunque no lo admitan públicamente) en una relación pasada. Una ruptura dolorosa, una novia demandante, una ex que lo dejó pero nunca dejó de llamarlo, una infidelidad o una hippie que viajó por el mundo y volvió con un novio Ruso y un hijo a cuestas… son algunos de los ejemplos.
Los traumados conviven con nosotras en el mismo mundo y son el enemigo encubierto para cualquier mujer inocente. Suelen proyectar la imagen de su ex a todas las mujeres que se cruzan en su camino. Y como si se debieran vengar de toda la raza femenina, acechan a las mujeres para luego dejarlas ir por su justificadísimo y sacratísimo TRAUMA
Estos hombres andan sueltos, y no digo que debieran ser encerrados. Pero registrarlos sería una excelente medida de seguridad para todas las Susanitas que andamos buscando un hombre decente por ahí. Para las que todavía creemos que los podemos corregir, las que nos sabemos distintas a las viles exes y queremos demostrarlo, a todas las que luchamos por sacarlos de ese pozo sin saber que estos traumas no tienen cura.
Debiera existir un RHT (registro de hombres traumados).
Este documento debería ser redactado por quienquiera que descubra uno de estos especimenes rompiendo corazones al andar. Una salidora frustrada, una hermana que observa sus movimientos de cerca o hasta la mismísima que lo convirtió en un hombre traumado deberían tener la responsabilidad como ciudadana de registrar a este hombre en el RHT.
En la hoja figurará entonces, el nombre del traumado, una foto y una lista de lugares que frecuenta. Y lo más importante: deberá estar indicado el grado de traumatismo, en una de las tres categorías posibles:
a) el abuelo reivindicado: aquel que tuvo una novia intensa, gritona y demandante. Posiblemente estuvo un largo tiempo alejado de sus amigos, que hoy recriminan su partida. Los abuelos reivindicados, se sienten en deuda con sus muchachos y se empeñan en ser el alma de la noche por unos meses para demostrar que siguen siendo jóvenes y ganadores. Suelen deambular borrachos por los boliches, haciendo bandera de la soltería y pidiendo teléfonos que jamás marcarán.
b) El tiroteador indomable probablemente fue víctima de una infidelidad imperdonable (con un hermano o mejor amigo) y tiene tanta ira para con su ex novia como hacia todo el género femenino. Suelen ocurrírseles planes macabros que destruyen corazones inocentes al instante. Estos hombres se hartaron de la monogamia y hoy se dedican a tener el pan, la torta y los biscochos. Suelen ser mortíferos mentirosos y seductores incansables que prometen futuros paradisíacos a cinco mujeres a la vez y se hacen humo a la semana.
c) Los novios decentes fueron fantásticos cónyugues que jugaron todas sus fichas a su amadísima novia que de buenas a primeras le dijo que “necesitaba un tiempo para pensar” y apareció al mes en Facebook con “in a relationship” en su status. Estos hombres eran románticos, soñadores, fieles y muy atentos, pero ahora decidieron tirar esos atributos a la basura por un tiempo. Juraron no ponerse de novios nunca más y salir con mujeres y mantener siempre todo “relajado”. Si bien en el fondo les gusta frecuentar a la misma mujer, en cuanto ven que se están involucrando más de lo planeado, salen corriendo del bar sin siquiera pagar la cuenta.
Los traumados no tienen cura.
Mientras el RHT se tramita, esténse alertas, porque estos hombres siguen sueltos.
27 mar 2011
10 mar 2011
En un planeta muy lejano

Me lo dijeron clarito en un mensaje: está tu pibe en el boliche.
El que me rompió el corazón y se instaló en mis noches de insomnio.
El que tuvo el tupé de pintarme la cara y sonreírme al mes como si tal cosa.
El nombre que sigue figurando varias veces entre mis mensajes de texto.
El mismo que hace solo una semana recibió un mensaje mío, papelonero y borracho. Como si fuera inmune a todo lo que pasó y que ya parece que fue en otra vida.
Ahora, después de todo eso, se le ocurre andar bailando por un boliche. Por MI boliche, en el mismo metro cuadrado donde por un pelito, no estoy yo.
Si será sabia la vida. Porque hoy, justo hoy, se me ocurrió guardar cama. Alegué que me quería dormir temprano y otra sarta de excusas idiotas que me inventé para no enfrentar el proceso de metamorfosis que supone encarar las pistas. Y por un centímetro no estoy respirando ahora su mismísimo aire.
Puede sonar exagerado, pero no me había dado cuenta de que todos los hombres que alguna vez pasaron por mi vida, siguen dando vueltas por el mundo. Tienen una vida y caminan por las calles, hablan por teléfono y van a bailar. Y aunque en mi cabeza murieron (y de vez en cuando revivan y vuelvan a morir) en realidad siguen vivitos y coleando.
Será que no estoy preparada para encontrarme con ninguno de ellos. No se cómo relacionarme después de que hubo “algo”, no me fluyen las preguntas cliché cuando nuestras lenguas estuvieron conviviendo en la misma boca o nos dijimos frases melosas. No me sale.
Tendría que existir un planeta que albergue a todos los que no funcionaron. Así nos ahorraríamos varios encuentros indeseados.
Por ahora, le contesto a mi amiga, que no voy a ir al boliche a actuar mi mejor cara de desentendida y decir: “Ay, que haces acá? Tanto tiempo, que loco encontrarte en este boliche!”. Prefiero pensar que cuando se fue de mi vida, se fue de la faz de la tierra.
Y mientras me imagino cada hombre que mandaría a vivir a un planeta muy muy lejano, me preparo una banana con mucho dulce de leche.
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