16 dic 2009

La tocatraste

No se sorprendan por lo que voy a contar a continuacion, es un pasatiempo más común de lo que piensan que puede estar sucediendo a la vuelta de cualquier esquina.

Resulta que tengo una amiga que tiene tan presente una frase en su cabeza que no puede no cumplirla al pie de la letra, el refrán en cuestion es 'si la vida te da la espalda, tocale el culo'.
Ella de esas diez palabras solo pudo retener una: C U L O.
Si, es gracioso, pero no es divertido estar presente en el lugar de los hechos y menos que religiosamente cada vez que un hombre da un saltito al ritmo de "Ay" (con tonito femenino), se de vuelta y me mire a MI. Si, a mi.
Ni siquiera yo sé por que me escandaliza tanto que un Roberto cualquiera me culpe de haberle tocado un cachete y ser inocente.
Es casi un ritual mi reacción. Estoy empezando a dudar si a mi amiga le divierte más ser espectadora de mi colapso avergonzante o tocar trastes a desconocidos en las colas de los boliches.
Situación.
Un viernes cualquiera, generalmente sucede en una noche primaveral (no digo luna llena porque se tornaría bastante increible), estamos un par de mis amigas y yo en la cola de un boliche, imaginense por un momento eso; ballas de hierro de ambos costados, calor, amontonamiento, mal humor, empujones, y por supuesto, manos perversas que se pierden en la multitud.
Entonces esta amiga mia me mira con cara de atorranta/picara, le devuelvo la mirada, caigo en la cuenta que se viene, niego con la cabeza a una velocidad responsable de una torticolis al día siguiente, se ríe asesinamente al mejor estilo Chucky.
Me muestra la mano, la baja, tantea.
El pibe de adelante se da vuelta sobresaltado. Mi amiga se las ingenia para no dejar ni una pequeñísima pista en la escena del crimen, yo me pongo BORDO, claramente el muchacho piensa que la zafada soy yo.
Hay diversos modos de reaccionar, casi siempre es "¿Qué hacés?, ¿qué tocás?", yo como una tremenda forra empiezo a tropezarme en las palabras "No, no, no, no te juro que no fui yo, en serio te juro, no yo no fui", me tiento, no puedo explicarle, mi amiga como para seguir haciendomela pasar como la mona le dice: "Ella gusta de vos".
Más nervios, me hago humo.
La quiero putear, pero no puedo. Porque fue una situación tragicómica, más cómica que trágica obviamente, no puedo parar de reirme. Ella se ríe.

Entro al boliche. Salgo del baño, y entre la multitud me lo cruzó a mi amigo de cola (guiño), me pongo nerviosa (EXPLIQUENME POR QUEEEE!!!, el pibe es un cagarto, no lo veo más en mi vida, pero siento que lo abuse y ni siquiera fui yo), trato de volar entre la gente.
El me mira, me guiña un ojo, se muerde un poquito el labio y me insinúa que su cola puede ser mia, viene directamente a mi después de esos tiros de seducción vomitivos.
M I E D O, me encarno en la hormiga atómica, rajé.
Me la encuentro a mi amiga, la quiero putear porque me acordé del episodio y no puedo, me río, nos tentamos sin poder parar. Parecemos amigas especiales, literal, como si nos faltaran varios caramelos en el tarro. La gente nos esquiva.
No piensen que soy una sonsa que no puede hablar en serio, primero conózcanla a mi amiga.
Les pasaría lo mismo.


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