Una mañana helada de agosto me desperté decidida: "Hoy como sano", cambié el dieta por el sano, para probar a ver si lo que está mal es la palabra en esa frase y no yo y mi alma de gorda.
Salí de mi casa con un par de vasos de agua encima y una tostada de pan integral con casancrem.
Claramente a eso de las 11.15 estaba arrastrándome en búsqueda de glucosa o algo chocolatoso y engordativo para mi cuerpo, una vez más no estaba cumpliendo con lo prometido pero como todavía es agosto y una está detrás de los trapos, los rollos no son big deal.
Una cuadra antes de llegar al bondi, me compré un PAQUETE de Pepas (¿Punto medio? No, no lo conozco). Ataqué las galletitas, cuasi famelica, momento hermoso si los hay.
Una vez arriba del 29, seguía dele que te dele, una atrás de otra, aniquilando el paquete.
En una de esas, no sé todavía el por que, le saqué los ojos de encima a las galletitas y me posé en un churraso que estaba sentado en el ultimo asiento, adelante del agujero de la puerta.
La escena cada vez era más patética, ahora era una muertadehambre con migas en las comisuras de los labios y con la mirada fija de un bombong. En una de esas, el hombre, meta a jugar con el telefonito, se le resvala de las manos y se va al agujero de la puerta.
"Zaz, que atenta que soy, es la mia".- pensé.
Escena siguiente: el paquete de pepas, yo y pepa en la boca, en cuatro patas, juntando los pedacitos del teléfono del bepi. Me levanto, con mi mejor cara de amorosa, y se lo entrego.
El pibe de pedo levantó la vista y largó un:
-"rashias" (no no no no, mínimo modulame papi, además de mirarme y hacerme ojitos, obvio.)
- "ay de nada, casi se muere el teléfono jiji" (si, una imbacil)
Un fraude mi intento de historia de amor en el colectivo.
Nunca más. Nunca más me compro un paquete de pepas.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario