1 nov 2010

Invasión extraterrestre

Hace unos días, como si tal cosa, a alguien se le ocurrió invadir mi privacidad.
Un/una hacker decretó que a su día le faltaba adrenalina, o que su angel malvado quería salir a hacer de las suyas. Y como si de algo sirviera, se metió en mi Facebook y le habló a mis “amigos”. No se me ocurre una razón contundente por la que alguien quiera meterse en mis zapatos en este momento. Candidatos en puerta: cero. Chat-filitos: cero. Y así y todo, ante esa triste estadística de escasez absoluta de hombres, alguien se dispuso a atormentar mi día.

Estaba yo plácidamente en una clase de la facultad, dibujando corazones en el margen de la hoja, cuando me llega un mensaje del Rockstar (no se si lo recuerdan, uno que no me da ni la hora). Mi cara de triunfo absoluto se nubló al leer la noticia de la hecatombe: “alguien está usando tu facebook”. Qué podría ser lo tan extremamente escandaloso que alguien podría estar diciendo por mí? Cómo el Rockstar, que me conoce poco y nada se dio cuenta de que no era yo del otro lado de la pantalla. Terror, pánico y desesperación por llegar a mi casa y corroborar lo que había pasado.

Estas cosas no pasan desde sexto grado. Y les pasan a las que tienen las agendas más solicitadas, a las que los candidatos se les superponen y las que siembran envidia entre manadas de mujeres que son desplazadas por su popularidad irradiante. Qué tendré que ver yo con todo eso. Pero ahí estaba, cruzando los dedos rezando por que el hacker no haya sido un fantasma de mi inconciente que le haya confesado al Rockstar mi patético desamor hacia él.

Pero el hacker fue mucho más lejos. Por suerte. Mi cara se desfiguró cuando me encontré con la conversación abierta. Cosas irrepetibles por un medio decente como este. Solo les puedo decir que mi hacker tenía la “idea fifa” y que yo estaba regalada cual regalo navideño. Por suerte mi hacker era extremista, y el Rockstar detectó al intruso en el instante (también es porque él en el fondo está enamorado de mí y tiene estudiados todos mis vocabularios y expresiones). Sino esto podría haber sido mucho peor.

La realidad es que tuve que mandar más de un mensaje disculpatorio, alegando una presencia extraterrestre en mi propia cuenta. Pero por mas siniestra que haya sido la situación de estar dando explicaciones de que de verdad no estoy buscando encuentros carnales con desconocidos cibernéticos, debo admitir que todo esto me sirvió de algo: el Rockstar volvió a las pistas.

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