7 sept 2010

Maldito rockstar


Por algo será que los rockstars tienen fama de donjuanes. Estos tipos tienen ventaja, loco.

Sí, me enamoré de un músico, una especie de compañero de escenarios. Fue algo así como inevitable, lo juro. Los ensayos, llenos de frases afrodisíacas como “subime el tono”, “vamos de arriba” y “dale mas fuerte”, confunden a cualquiera. Ni te cuento los show con luces, miradas cómplices, voces que se funden, micrófonos y aplausos… demasiada información para mis hormonas.

De a poco empecé a girar la cabeza en dirección al guitarrista, un tipo que por la calle no doy un mango. Pero así como irresistible, este hombre es un bodrio. O estrictamente profesional, como le gusta creer a mi autoestima.

La cuestión es que acá estoy, remando en un dulce de leche repostero. Agotando con esfuerzo todos los aspectos a comentar del ensayo, de los temas, de los imprevistos pre-show. Porque ese es todo el tema de conversación.

Por lo pronto tendré que seguir canalizando mis sentimientos reprimidos en la letra de las canciones y dedicándoselas en secreto. Porque a mí también me gustan las tablas, y si esta me sale mal me quedo sin la fama y sin el chongo.

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